
Durante meses, el gobierno de Maximiliano Pullaro se movió con una sensación de estabilidad política difícil de discutir. Unidos conservaba control territorial, gestión y centralidad electoral. Pero el crecimiento de La Libertad Avanza en la provincia, la caída del caudal de votos oficialista y la consolidación de Romina Diez comenzaron a alterar ese equilibrio antes de lo previsto.
Las encuestas dejaron de mostrar una ventaja cómoda para el oficialismo y empezaron a instalar un escenario competitivo. Ahí apareció el verdadero problema para Unidos: el temor interno a perder no solo la gobernación, sino también ciudades estratégicas como Santa Fe y Rosario.
Según fuentes allegadas al gobierno provincial, esa preocupación abrió una discusión silenciosa dentro del oficialismo. Funcionarios y dirigentes de primera línea comenzaron a sugerirle a Pullaro avanzar hacia un esquema de cogobierno con sectores libertarios. La propuesta incluiría ofrecer secretarías y espacios dentro del Ejecutivo para forzar una alianza política que permita sostener poder territorial y evitar una fragmentación del voto de centro y derecha en 2027.
La sola posibilidad de discutir un reparto anticipado de poder revela el nivel de tensión que atraviesa hoy al oficialismo santafesino.
Porque el debate ya no pasa únicamente por ganar una elección. Empieza a girar alrededor de cuánto poder puede conservar Unidos frente al avance libertario.
La contradicción política es evidente. Mientras el mileísmo construyó su identidad enfrentando a las estructuras tradicionales, sectores del propio gobierno provincial analizan incorporarlo al esquema estatal para garantizar gobernabilidad y supervivencia política.
El problema también expone una limitación estructural de La Libertad Avanza: crecer electoralmente no equivale a controlar una provincia compleja como Santa Fe. Gobernar requiere estructura legislativa, territorialidad y experiencia administrativa. Por eso, algunos sectores del oficialismo consideran que un acuerdo podría beneficiar a ambos espacios: Unidos conservaría parte del control institucional y el mileísmo accedería a volumen político y gestión.
Pero el dato más delicado es otro. El solo hecho de que estas conversaciones existan demuestra que dentro del gobierno ya se instaló una percepción que antes parecía imposible: que el poder dejó de sentirse asegurado.




